Poesía para principiantes

La poesía es, de todos los géneros literarios, el más incomprendido y posiblemente, el menos generalista y leído. Cuando era una niña me encantaban las poesías de Bécquer y Espronceda, luego me gustaba leer a Cavafis, Neruda, Machado, Hernández y a todos los del 27 (¿qué tuvo esta generación de poetas?) porque me inspiraban.

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Pero no aprendí a amar la poesía de verdad hasta que durante una clase durante la carrera, mientras el profesor analizaba el poema de Amor constante más allá de la muerte, me hizo un cortocircuito el corazón:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Gracias a Quevedo aprendí a amar la poesía. No hace falta tener una sensibilidad especial para amarla, hace falta lo mismo que para amar el arte abstracto: alguien que te lo explique con vehemencia y tener sentido de la belleza. Es posible que mi inicio en el amor a la poesía haya sido por la puerta del amor y de lo cursi, pero es una entrada al fin y al cabo. Y Borges fue quien me encarriló:

Mis libros (que no saben que yo existo)
son tan parte de mí como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan están en esas hojas
que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos
me dirán para siempre.

Y tras Quevedo y Borges vino Benedetti, que es mi poeta de entre los poetas, y una Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea de José Olivio Jiménez que se convirtió en mi libro de cabecera (a día de hoy sigue siéndolo), y la Antología de la poesía modernista hispanoamericana, donde conocí a Oliverio Girondo, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, José Martí, Nicanor Parra… y me enamoré de este género. De hecho, para mí, leer poesía no es leer, no lo entiendo como una lectura, si no como una forma de vida. Yo leo relatos, narrativa, pero la poesía no la leo, la tengo a mano en cada momento, forma parte de mi vida. Porque la poesía es, para mí, junto con la múscia, la única disciplina capaz de transmitir sensaciones, emociones y sentimientos.

Para los que todavía no amáis este género, quiero proponeros empezar con poesía contemporánea y ofreceros algunos poemas de ahora para entrar en materia:

El hombre invisible de Juan Luis Panero:

Se mira en el espejo que ya no le refleja,
todo, menos él, aparece en la fría superficie,
la habitación, muebles y cuadros, la variable luz del día.
Así aprende, con terror silencioso, a verse,
no en los gestos teatrales —aún rasgos humanos— de la muerte,
sino en los días de después, en el vacío de la nada.
Inútil cerrar los ojos, estúpido romper el terco espejo,
buscar otro más fiel o más amable.
Es él sólo, el hombre invisible, el que desaparece,
es sólo él, una huella borrada,
que no contempla a nadie, porque es nadie,
la nada en el cristal indiferente de la vida.

La Vraie Vie Est Absente de Ramón Irigoyen:

Hoy tampoco vendrá
llueve ceniza en la entrepierna de la tarde
y siento el frío ese que se siente cuando no hace frío
y hasta Rimbaud se me cae de las manos
en la memoria nieva lana sucia
mientras el otoño con sus dientes de rata despelleja los árboles
con sus dientes de rata los despelleja.

Y sé que no vendrá
porque la tarde se ha puesto ya su jersey negro
y el aire apesta a espinas oxidadas.

El desayuno de Luis Alberto Cuenca:

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

La mujer herida de Raquel Lanseros:

Solamente si alguna vez amaste

con uñas y con dientes

sin red

sin salvavidas

aciertes a entender el vértigo insondable

que se extiende a los pies del desengaño.

Ella creyó encontrar la fuente del principio

cuando lo conoció, en medio de la tierra,

sin más escudo que su piel de hombre

bruñida por el sol igual que el oro viejo.

Lo amó sin precipicios ni preguntas

tiernamente, en silencio

con esa gratitud voluptuosa

que provoca la lluvia en primavera.

Todo era tan sencillo.

Los versos inflamados de poetas infinitos

parecían seguirla a todas partes

como si el corazón se hubiera convertido

en un fiel animal domesticado.

Porque no existe nada que perdure

una noche aprendió, como tantos lo hicieran

antes y después de ella,

que el amor es un río con cataratas propias

y remansos ajenos

que siempre desemboca en el océano.

Míralo de este modo: la vida te ha enseñado

siguiendo su costumbre de incansable maestra

cómo el alma dibuja

serenas cicatrices sobre viejas heridas.

 

Las noches de Daniel Rodríguez Moya

                            A David Fernández Varón

Aunque las noches sean
tan sólo un eufemismo de la muerte,
un refugio de alcohólicos,
de pasos inexactos por la calle,
en sus resquicios vivimos la vida
más dulce.
Bebemos los tragos amargos
como si sólo fueran
las copas de licor que se calientan
después de haber hablado demasiado.

El círculo del poema de Lucía Estrada:

Cada poema abre otro silencio,
recorre las estancias últimas
de la palabra
para volver al todo.

Se precipita en el vacío
después de circular
de mano en mano,
de labio en labio
hasta que no queda ningún vestigio
de la sangre que acuñó su moneda.

Cada poema
un desafío al ojo atento
en el instante justo
de la caída.

Poema de Andrea Cote:

El ayer ha pasado
el hoy está caminando
mi futuro es mi anhelo
pero Dios mío cuánto miedo tengo

La perfecta infancia fue
y yo cómo no la aproveché
Mis sueños, no lo sé
Volver a ser el mismo espero.

Confundido es mi estado
por mi futuro si
pero no por mí, eso seguro

Esperando ese hacinado día
queriendo recuperar mi alegría
la seguridad en uno mismo volverá
es interrogante no sé si se contestará

El amor, la chica o el deporte; que será
la elección esta ahí
pero solo una decisión
y eso depende de mí

Mi futuro espero con anhelo
mi presente vivo con fervor
revivir esa historia,
espero que no curse dolor.

Y cuando le hayas perdido el miedo, lee No te detengas de Walt Whitman:

 

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

 

A Octavio Paz y La calle.

Es una calle larga y silenciosa.

Ando en tinieblas y tropiezo y caigo

y me levanto y piso con pies ciegos

las piedras mudas y las hojas secas

y alguien detrás de mí también las pisa:

si me detengo, se detiene;

si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.

Todo está oscuro y sin salida,

y doy vueltas y vueltas en esquinas

que dan siempre a la calle

donde nadie me espera ni me sigue,

donde yo sigo a un hombre que tropieza

y se levanta y dice al verme: nadie.

Y cuando disfrutes con Lorca,  Nicanor Parra, Gil de Biedma, Miguel Hernández, Borges… lo habrás conseguido.

¿Sigues pensando que la poesía está desfasada?

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7 pensamientos en “Poesía para principiantes

  1. Buenísimo! gracias por tomarte el tiempo de escribir!, un abrazo desde México.

  2. A mis 18a~nos … La literatura y en especial la poesia que trata sobre amor me a embrujado … El responsable es ernesto cardenal (nicaragua) … No la llevare como carrera ,pero siempre estara presente … Hay en los momentos turbulentos que son los que me inspiran … Encerrada cojo mi pluma y sin mir
    ar mi hoja el lapiz fluye sin sentir mis dedos y el trazo se escucha como un
    canto de madlee kane … Mi mejor circunstancia …

  3. me encanta este post, estaba buscando alguna guia para introducirme en la poesia y ahora mismo ya tengo los dos libros que has comentado ahhh yo recomiendo Gotan y otros poemas de Juan Gelman. ¡creo que si no lo conoces te encantará!

    • Sí, Juan Gelman es uno de los poetas que está en la Antología de la literatura hispanoamericana de Olivio Jiménez. Me alegra que te haya servido la entrada, muchas gracias por decírmelo :-).

  4. Hoy es noche de sombras
    de recuerdos-espada
    la soledad me tumba.
    Nadie que aguarde mi llegada
    con un beso
    y un ron
    y mil preguntas.
    La soledad retumba.
    Quiere estallar de rabia
    el corazón
    pero le brotan alas.

    Claribel Alegría

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